Esa tarde, un hombre gris paseaba a un perro verde. Las cajeras del supermercado, la luciérnagas, los diablos, se arrancaban sus dos alas y oscurecían su luz. Los fantasmas del castillo, los reclusos del presidio no soñaban una huida si cruzaba un aeroplano, su rectángulo azul. Esperaba cenicienta a que llegara su raptor. Alguien suspiraba en la oficina. Él te buscaba la ruina, vos un taxi hacia la estación. Los borrachos, los cantantes, las putas, los estudiantes se acostaban bien temprano y lloraban saetas de hiel..
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