Tiran el ancla en una plaza y descorchan en el tobogán. Se mienten poco y nada. Llovía fiero y daba todo igual.
Ella lo toreó, después se vistió y le dejó un corpiño entre los pies. Se va sin besos y pierde el primer tren.
Él se despierta amasijado, va y vomita detrás de un farol. Rasca el bolsillo, cuatro monedas.
Ella piensa en él. Y tras, esconde el faso en el placard. Sabor a poco, pero no estuvo mal.
Él busca su olor, tragándose sin ganas un café. Guarda el corpiño y duerme hasta las seis.
..encima, no para de llover.
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